Manos que tiemblan al querer rozar mi plumaje, erizado por la desconfianza, por que bapulean a un Ángel que antaño era poderoso que reinaba las noches donde vosotros dormíais. Mientras mis manos quieren tocaros se quedan heladas, no reaccionan mis manos están inertes, manos que temen volver a dar caricias para solo recibir cachetadas manos sangrientas que no sienten nada al tocar su propio cuerpo.
